Más de cuatro mil personas madrugaron en la Plaza de Nuestra Señora de Candelaria para presenciar el espectáculo centenario de sus fiestas patronales
Pasadas las tres de la madrugada del lunes al martes, el "tirirí-tirirí-tití" volvió a sonar en Tijarafe y, con él, la señal de que el maligno estaba a punto de salir. Más de cuatro mil personas aguardaban ya en la Plaza de Nuestra Señora de Candelaria para vivir la Danza del Diablo en su 103ª edición, uno de los momentos más esperados del calendario festivo de la isla.


Durante unos veinticinco minutos, el Diablo –una estructura de cerca de cien kilos entre armazón y pirotecnia– recorrió la plaza envuelto en fuego, chispas y humo, acompañado por gigantes y cabezudos, mientras el público, entre la emoción y la prudencia, seguía cada uno de sus movimientos. Como manda la tradición, el maligno hizo sus reverencias a la Virgen de Candelaria antes y después del baile, y puso fin a la danza con el estallido de su propia cabeza, en la representación simbólica de la victoria del bien sobre el mal que se repite en Tijarafe desde 1923.


La noche transcurrió sin incidentes destacados gracias al amplio dispositivo de seguridad desplegado por el Ayuntamiento, al que se sumaron los equipos de limpieza para dejar la plaza lista de cara a la Solemne Función Eucarística en Honor a Nuestra Señora de Candelaria, que puso el broche a las fiestas patronales de Tijarafe 2026.


Hay eventos que no se pueden explicar. Se viven.
Fotos: Lucía Hernández